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  • Sara Llopart

Soivre

Muy interesante la historia que describe la Asociacion de inspectores del SOIVRE en su web:

El control de calidad del comercio exterior de España tuvo su origen en la vigilancia de la exportación naranjera, dada la importancia de los cítricos dentro del conjunto de las exportaciones españolas, ya que fue durante los primeros años del siglo XX la principal fuente de divisas del Estado. Desde principios de este siglo se venía detectando una cierta preocupación por dos cuestiones importantes en la economía citrícola: la madurez de la naranja en los inicios de campaña y los efectos sobre las mismas de las heladas. Fueron las heladas de finales de 1926 lo que decidió al Gobierno a intervenir por primera vez en el control de las exportaciones de naranja. A tal fin, el 7 de Enero de 1927 se publicó una Real Orden por la que quedaba sujeta a inspección toda la naranja que se exportase al extranjero. Dicha Real Orden establecía la naturaleza y composición de los organismos inspectores correspondientes, llamadas Juntas Inspectoras, instaurando las siguientes: las Juntas Locales, las Juntas de Puerto y la Junta Central, representadas por cosecheros, exportadores e ingenieros agrónomos. La función inspectora de las citadas Juntas durante el invierno de 1927 fue un completo fracaso. Debido a la composición de las Juntas, el elevado número de componentes de las mismas, su carácter heterogéneo y la vinculación de sus miembros a fuertes intereses locales, las convirtieron en organismos importantes pero incapaces de cumplir la misión para la que habían sido creadas. La convicción de que sólo aumentando la participación del Estado en los organismos inspectores se conseguiría un control satisfactorio de las exportaciones, condujo a la creación de las Juntas Fitopatológicas, que comenzaron a funcionar en octubre de 1927. Su mejor aportación consistió en que acordaron fijar las normas por las que debía regirse la inspección. Un nuevo paso se dio con el Real Decreto de 18 de Abril de 1930, que establecía las condiciones que debía reunir la naranja para ser exportada al tiempo que transfería la inspección al personal técnico de las secciones agronómicas, relegando a los representantes de la producción y del comercio al papel de simples observadores sin facultad decisoria alguna. Una nueva helada, la de diciembre de 1933, puso de manifiesto la inoperancia de los sistemas de inspección mantenidos hasta el momento y la convicción de que fuese un servicio oficial creado exprofeso el que asumiese el control de la calidad de la exportación naranjera.
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